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Pasillo Museo de Arte de Coro
Foto: Zulay Becerra
Plaza Simón Bolívar
Santa Ana de Coro
Simón
Bolívar
La Vela de Coro - Edo. Falcón
Foto: Alejandro Acosta
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Camilo Arcaya, en un escrito
fechado de 1891, recoge los más infímos detalles de la
visita del Padre de la Patria a Coro, detalles de su
acogida por el pueblo coriano, pueblo que a pesar de las
devastadoras dificultades económicas que vivía, no
disminuyó el ánimo, ni el regocijo de ofrecerle al
Libertador la calidez, la sencillez, y la modestia de una
ovacionadora y vibrante bienvenida.
LA VISITA DEL
LIBERTADOR A CORO
Fuente Bibliográfica: De Coro y de Corianos.
Autor: Luis Alfonso Bueno
" En diciembre de 1826, cuando por primera y última
vez visitó el libertador a Coro, acababa de salir esta
provincia de la más desasatrosa guerra y se encontraba
en la más lamentable pobreza. la ciudad no exhibía sino
escombros, y las familias, poco antes opulentas, tenían
que vivir retiradas en sus campos, restaurando como
podían sus patrimonios destruídos. Eso no obstó para
que Coro tributase con entusiasmo los honores debidos al
Padre de la Patria y le hiciera una decente recepción.
El Libertador hacía su viaje por tierra desde la Nueva
Granada, hoy Colombia. En el punto nombrado Quebrada de
Coro, cercanías de esta ciudad, le esperaba una calesa
que debía ser tirada por las señoritas más bellas y
distinguidas de esta sociedad que se disputaban el honor
de tirar el Carro de la Gloria. Entre figuraban las
señoritas Garcés Manzano. El coche aquellas jóvenes
atravesaba por entre arcos triunfales hasta que, ya en la
ciudad, lo recibió el Clero y lo llevó bajo de palio a
la Iglesia Matriz, donde se cantó solemne Te Deum. Luego
fue conducido por el Gobernador Coronel M. Borras y una
lucida comitiva al alojamiento que se le tenía preparado
que fue la casa que hoy pertenece a los Señores Cook en
la Calle González.
Cortos fueron los días que nuestro huésped residió en
Coro; pero no hubo uno solo en que no recibiese los más
respetuosos homenajes por parte de los corianos. Fue una
verdadera ovación su entrada a esta ciudad, ovación que
no brilló por el lujo que era imposible a nuestra
pobreza ostentar, sino por el entusiasmo ingeneuo de un
pueblo agradecido.
El Libertador continuó su viaje por tierra a Puerto
Cabello recibiendo en el tránsito las más puras
demostraciones de los pueblos. En el caserío de Taratara
lo obsequió en su odesta casa Don Jacobo Garcés, uno de
los principales actores de la revolución para la
Independencia en Paraguaná el año de 1821, y es fama
que sus hijas por muchos días dejaron de lavarse las
manos porque habían estrechado las del Padre de la
Patria. Muchos corianos lo acompañaron, entre ellos el
simpático y memorable Coronel Dolores Hernández, hombre
de atlética estructura que lo pasaba en sus hombros en
los ríos de tránsito.
Ese viaje terminó con el histórico abrazo de Naguanagua
que ahogó en su cuna la terrible guerra civil que
amenazaba devorarnos." Camilo Arcaya
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