| Iglesia
San Nicolás de Bari La capilla de San Nicolás es una construcción de la primera mitad del siglo XVIII. En una de las inscripciones en latín que se encuentra en el techo, confirma que la Iglesia fue techada en el año 1741. La planta de San Nicolás es de una nave. Los soportes de cada lado, que son dos, como se pueden observan en la foto, se apoyan en podios lisos. Arriba, dos ventanas parecidas a las de San Clemente albergan sus campanas. |
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| Las
candeladas de San Nicolás de Bari "El cinco de diciembre, víspera del día de San Nicolás de Bari en el Barrio que luce el nombre del Obispo de Mira en la ciudad de Coro, se encendían fogatas alrededor de la Capilla consagrada al gran taumaturgo de Oriente. Estas hogueras servían de gigantescas antorchas para iluminar los puntos adyacentes del templo. A medida que iban amortiguando sus llamaradas aquellas hogueras, los muchachos, con el beneplácito de los mayores, hacian apuestas de saltar el mayor número de veces <<las candeladas de San Nicolás>>. Estos ejercicios no dejaban de ser peligrosos, desde el momento que las mencionadas fogatas eran alimentadas por trozos de leña colocados simetricamente, a manera de pilares cuadrados de más de un metro de altura.
En torno de la Iglesia de San
Nicolás han circulado diversas leyendas. Una de ellas, y
por cierto la más socorrida, afirma que este templo
debió su creación a la promesa de una dama española
poseedora dc numerosas cabezas de ganado vacuno. Observó
la citada señora que sus reses mermaban a causa de la
voracidad de un tigre cebado. alimaña que tenía
consternada a toda la comarca y especialmente a los
dueños de hatos. La dama, que era devota fervorosa de
San Nicolás de Bari, se prometió levantar una capilla
al Santo de su devoción en el sitio donde apareciera
muerta aquella fiera. Narra la leyenda que varios días
después de la promesa formulada por aquella señora, el
felino merodeador fue encontrado sin vida en el lugar
donde poco más tarde se levantó el Altar Mayor de la
Iglesia de San Nicolás. |
Otra
leyenda es la siguiente en el período inicial de la
Independencia, los españoles al saber que se aproximaba
a la capital de la antígua provincia caquetía el
Marqués del Toro, el cual acaudillaba a un numeroso
ejército de patriotas, los realista sacaron de los
templos de Coro las imágenes de bulto y las colocaron a
inmediaciones de la Capilla de San Nicolás. Entre
éstas, se destacaba el Nazareno que aún se conserva en
la Iglesia.Matriz y según el decir del.pueblo, la
prerencia de aquellas imágenes infundieron tanto pavor
en el ánimo de los soldados de la <<Patría
Boba>>, que éstos retrocedieron.despavoridos.
gracias a la milagrosa intervención de los íconos
sagrados. En la Epoca colonial, y luego ya establecida la República, a corta distancia de la Iglesia de San Nicolás, se ajusticiaba a los delincuentes. La tradición recuerda aún el fusilamiento de Juan Díaz, célebre , bandido generoso que, arrepentido de sus fechorias, se entregó voluntariamente a las autoridades para ser juzgado por las leyes de aquel entonces. Retornando a la función religiosa de los días cinco y seis arriba mencionados, diremos que, tanto en la víspera cuanto en el día y noche siguiente de la fiesta del Obispo de Mira, llevábanse acabo diversos actos piadosos y profanos. En las primeras horas del segundo de los aludidos días, se celebraba en el Templo de San Nicolás una Misa Solemne. Un sacerdote subia a la Cátedra Sagrada para rememorar la significación de esta fecha. En la tarde concluían las ceremonias religiosas con una procesión. Luego el pueblo procedía a continuar a su manera, aquellas solemnidades, y en consecuencias se quemaban fuegos artificiales en que salían a relucir las ruedas, los buscapiés, los saltapericos, los triquitraques, los cohetes de lágrimas y el árbol de fuego. Este último artefacto pirotécnico, constituía la culminación y término de aquellos regocijos. El público aguardaba con impaciencia que apareciera, como por arte de birlibirloque, la imágen del Santo de Bari que al fin se destacaba en medio de girándulas, estrellones y el chisporroteo de centelleantes luces de bengala. Esta devoción y aquellas
costumbres han desaparecido totalmente. Se supone que tal
decaimiento se debe a la desaparición de las familias
que tradicionalmente se encargaban de aquellos
festejos". Luis Arturo Domínguez |
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